ANTONIO VIVALDI. ENTREVISTA

Buenas tardes, Don Antonio Vivaldi.

Qué suerte poder hablar contigo.  He escuchado y tocado varias de tus obras y realmente me apetece conocer  más datos sobre tu vida. Una vida que seguro fue muy interesante.

Empecemos con alguna información sobre el principio de tu vida. ¿Cuáles son tus orígenes? ¿Qué relación tuviste con el mundo eclesiástico?

Muy buenas tardes.  Me resulta triste contestar a esta pregunta, pues de los orígenes de mi vida y mi familia se sabe muy poco. Nací En Venecia el 4 de marzo de 1678. Fue mi padre, el violinista Giovanni Battista Vivaldi quien permitió que yo me iniciara en el mundo de la música. 

Desde pequeño sufrí de varios problemas de salud que me obligaron a renunciar a mi carrera eclesiástica. No he dicho misa durante muchos años y no tengo intención de volver a hacerlo, no por causa de prohibición u ordenanza alguna, sino por mi propia voluntad. Después de haber sido sacerdote, dije misa durante un año, pero posteriormente decidí no volver a decirla por haber tenido que abandonar el altar en varias ocasiones antes de concluir el sacrificio a causa de mi enfermedad.

¿Cuáles fueron tus primeros pasos en el ámbito musical?

Tras abandonar definitivamente mi sacerdocio, fui contratado en 1703 como profesor de violín en un orfanato para niñas (Pio Ospedale della Pietà de Venecia) Fue una experiencia muy gratificante y muchas de mis primeras composiciones fueron interpretadas por primera vez por aquellas muchachas. A ellas estaban además dedicadas la mayor parte de mis conciertos y cantatas Allí, en el Ospedale, fui desarrollando varios cargos como maestro de capilla, de coro y de conciertos. 

Nunca pensé que mi nombre pudiera llegar a ser conocido en el futuro y que me recordaran como un importante músico y violinista italiano.

¿Por qué empezaste a ser conocido por toda Europa? 

Recuerdo que a partir de la publicación en Amsterdam de mis conciertos ”L’Estro Armonico” (op. 3) en el año 1711 mi existencia empezó a ser conocida fuera de Venecia y por toda Europa. Posteriormente, a partir de 1718 mis óperas (“Scanderberg”,“Ottone in villa”,“La virtù trionfante dell’amore e dell’odio”…)empezaron a ser igualmente difundidas aunque sin ninguna duda fue Italia el centro principal de desarrollo de este género artístico.  Pero por aquel entonces no imaginaba el gran renombre que llegaría a alcanzar no solo como compositor sino también como violinista.

Ya que has hablado sobre tus óperas, creo recordar que recibiste numerosas críticas por acercarte a este género. ¿Qué ocurrió exactamente?

Bueno, como ya os he contado, mi vinculación al ámbito eclesiástico me impedía en principio abordar un espectáculo considerado en exceso mundano y poco edificante. Fui criticado por mis superiores aunque nada hizo que me desvinculara de este género por el que tanta atracción había sentido.

¿Cuál crees que fue tu mayor éxito y la causa por la que hoy en día sigues siendo conocido?

Siempre he pensado que mis publicaciones más importantes fueron las colecciones instrumentales  Il cimento dell’armonia e dell’inventione Op. 8 y La cetra Op. 9. Si tengo que quedarme con una sería con la primera, en la que introduje un total de doce conciertos y la cual se iniciaba con el conjunto de cuatro conciertos con violín solista titulado Las cuatro estaciones. Creo que son estas  las cuatro piezas más célebres de toda mi obra. En ellas intenté crear un ambiente evocador e intimista, describir el ciclo anual de la naturaleza, de los hombres que trabajan y de los animales que la habitan. 

Así con La primavera quise imitar el canto de los pájaros y el temporal. El verano describe primero el sopor de la naturaleza bajo la aridez del sol y después una tormenta, ya anunciada en el primer movimiento y que alcanza el máximo de su violencia en la parte final.En El otoño presento la embriaguez soporífera de un aldeano, feliz por la cosecha. Por último, en El invierno predominan las imágenes sonoras de la nieve y el hielo.

¿Cómo fue el final de tu vida? ¿Realmente pensabas que ibas a ser recordado?

Terminé mi vida en Viena, donde me trasladé en 1741 y donde mi vida se apagó un mes después de mi llegada. Los años anteriores mi obra había perdido mucho interés y acabé muriendo en la más absoluta pobreza.

En esos momentos pensé que nunca volvería a ser recordado ya que tras mi muerte había caído en el olvido. Mi redescubrimiento no tuvo lugar hasta el siglo XX. Fue gracias a la música de Bach, quien trascribió doce de mis conciertos a diferentes instrumentos. Él volvió a abrirme las puertas al mundo. 

Lo último que puedo contarte es que después de la Segunda Guerra Mundial me convertí en uno de los autores más interpretados. No sabes lo emocionante que me resulta escuchar a tanta gente tocar mi música, emocionarse con ella y compartirla con el mundo. Es increíble ver cómo cada interpretación es totalmente diferente. Esa es la grandeza de la música y gracias a todos esos que me evocan, me sigo sintiendo vivo.

Vivo en cada nota.

Vivo en cada compás.

Vivo en cada silencio.

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ANTONIO VIVALDI